martes, 31 de mayo de 2011

LA AMANTE DE ALBERTI



     Te siento triste y callado, sin poder disimular vieja melancolía y sin apartar tus ojos de esa ventana que te devuelve a la vida cada vez que te asomas. Te pasas las horas asomado y sintiendo la nostalgia de toda una vida dedicada a ella, enamorado de ella. Bella es tu mar, viejo lobo y lloras cuando la abrazas con tus lágrimas y las ves ahí mirándote cada día y dejándose querer por tu triste mirada. La echas de menos y te duele no besarla como hacías cada noche, como hacías cada día. El no tenerla te cuesta la vida, ella te lo nota y siente como te apagas, cansado mirándola a ella. 

  Sabes que siempre te quiso y lo hará hasta que mueras, pero te duele no abrazarla y sentirla en tu piel, rodearte de su sal, de su olor y de su brisa. Ahora la ves alli, muda y callada, esperando que sueñes con ella como haces cada tarde. Te levantas cada mañana y vas a su encuentro, mientras todos duermen y el silencio enmudece nuestros sueños, cumples como cada día de tu vida y vas a su lado, solo quieres estar cerca, rodeada de ella, sentirla y olerla, aunque no la puedas abrazar aunque no la puedas besar, solo quieres la presencia de ella.

Añoras los besos que te enviaba y jugaban contigo, las lunas que amabas, las luces que soñabas, echas de menos el silencio de sus miedos, la humedad de sus jarcias, la belleza de sus vientos. Recuerdas las noches estrelladas cuando bailaba con ella la luna y tú se lo permitías, los vigilabas desde tu puente y callado sonreías mientras todos dormían.

Naciste con ella, jugaste con ella, creciste con ella, hasta te casaste con ella fiel marinero, morirás con ella. Tus manos ya no pueden con ella, las desgastaste entre sus brazos, fuertes y rudas de tanto acariciarla y sentir su cuerpo. Las gaviotas te adoraban y te cantaban cada vez que calabas, visitaban tu estela al regresar a puerto cada mañana y las luces se apagaban. Mirabas el alba y sentías la calma de sus horas mientras le hablabas, mientras soñabas.

Desde mi ventana, te veía salir al anochecer, oía el rugir de los motores y veía como te hacías pequeñito, como te convertías en un puntito lejano, la de silencios que habré tragado viéndote como partías, mientras dormía pensaba en tí y te imaginaba alli, a lo lejos en la mar, luchando y peleando con las olas, esquivando vientos y esperanzas de regresar. Desde mi ventana, desde el calor de mi cama, te veía regresar, oía el rugir de los motores y veía el puntito acercarse cada vez más, tu barco mi barco, la de alegría que habré soltado viéndote como regresabas cada mañana.

Noto tu silencio, la amargura de tus años, la tristeza de tu cuerpo, sientes que te ha dejado pero no es verdad, ella te ama pero tú ya no la puedes amar, no como lo hiciste, no te la han quitado solo se ha dejado amar. Por tus hijos, por otra gente de la mar, por otras manos que la aman lo mismo que la amaste tú, y tú, marinero celoso, te acercas cada mañana a verla dejarse amar por otros brazos, por otros ojos, recuérdalo viejo marinero, tú les enseñaste a amar.

Remiendas sus rotos y pintas sus mamparras con afeites de sal, sueltas sus cabos y le dices adios cada tarde, te das la vuelta viéndole partir para no sufrir, él sonríe cuando te alejas, pero sabe que al regresar le estarás allí esperando, como cada mañana fiel marinero a estopa y sal, hielo, brea y escatas de mar. Te siento triste y callado, te dejas las horas en esa ventana y no lo puedes disimular, tu mirada está cansada no te deja ni llorar, tu alma está helada tu ausencia se llama mar.

                               “ ….eterno buscador que nunca encuentra,
                                en el horizonte azulado del cielo y mar
                                eternas despedidas, regresar quizás,
                                partes siempre mirando el horizonte
                                pero con la mente, en lo que dejas atrás.”

SOBRAN LAS PALABRAS



      Son tantas las cosas que se te ocurren, tantas las palabras, que no sabes lo que decir. Te bloqueas y algo te impide pensar más allá de enredarte en una maraña de frases que expresen lo que estás sintiendo. Te imaginas un papel en blanco y se lo envías con una sonrisa nerviosa y piensas que cuando lo reciba seguro que sabe todo lo que pone, porque hay momentos que sobran hasta las palabras.

No sé que tipo de magia será esa que te impide expresar la cantidad de cosas que tienes en la mente en un momento determinado y ni siquiera te atreves a decir. Te sientes torpe y muy pequeñito, abrumado por la cantidad de cosas que le dirías o le escribirías; Quieres decirlas todas y te sientes incapaz, son miles y miles las que se te pasan por tu cabeza, haces un esfuerzo e intentas recordarlas todas para que no se te olvide ninguna.

  Creo que merece la pena apuntarlas porque todas se las merece, y no se merece olvidarte ninguna de ellas, necesitas decírselas todas y no guardarte ni una. Piensas en lo que la quieres, en lo que la echas de menos, en las ganas que tienes de verla, en lo bonito que ha sido todo, los buenos y los malos momentos, piensas en tí, en ella, en todos, en todos los momentos vividos, en que ha merecido la pena conocerla, en sus ojos que te inspiran, en sus manos, en aquellas cosas que podríamos hacer o vivir juntos, piensas en el momento de volver a verla, en lo sonrojado que te pones cuando alguien que te quiere te lo hace saber, en cada segundo y en cada minuto, piensas en lo que decirle.

Lo voy apuntando todo para que nada se me olvide, quiero rellenar ese papelito en blanco con cientos y cientos de cosas bonitas que le diría y que quisiera que ella supiera. No sé si seré capaz, las estoy apuntando todas y todas me parecen repetirse, todas parecen querer decir lo mismo, y piensas que eso que te dispones a escribirle ella ya lo sabe, porque lo ha vivido contigo y porque se lo has dicho muchas veces.

Pero hoy es distinto, necesitas decírselas de nuevo, y hoy te fluyen de manera desordenada y muy veloces, hoy son muchas quizás las cosas que le dirías, son tantas que creo que no podría. He pensado en mandarle un email, también he pensado en enviarle un mensaje al móvil, pensé en llamarla, incluso en ir a verla y decírselas personalmente, o escribirle una carta como antiguamente, pero creo que nada de eso valdría hoy. No sé como hacerlo, ni lo que decirle. Hoy no me salen las palabras, se me amontonan y no sé ordenarlas.

Me tranquiliza saber que todas esas cientos de cosas que estás pensando ella ya las sabe, pero sientes la necesidad de volver a expresarlas y de que le lleguen, de entre todas las cosas que piensas incluso alguna te dice que se las tienes que hacer llegar porque las necesita, de la misma forma que tú las has necesitado alguna vez, pero hoy no es fácil, porque son muchas. Hoy quieres decirle tantas cosas.

Llevo bastante tiempo intentando ordenarlas todas, incluso apuntando algunas para que no se me olviden a la hora de decírselas. Miro el papelito sobre el que se las voy a escribir mientras pienso en la forma de hacérselas llegar, creo que ya he pensado bastante y que no se me olvidará ninguna. Las recibirá todas, sabrá perfectamente lo que estoy pensando y la cantidad de cosas que le quería decir.

Pero mi mano apenas me obedece, se traba torpemente y no me salen las palabras, voy a relajarme y tranquilizarme, voy a leer lo que he escrito y seguro que cuando lo lea ya sí podré escribirle todo.

Que curioso. Antes había puesto esto: “Te imaginas un papel en blanco y se lo envías con una sonrisa nerviosa y piensas que cuando lo reciba seguro que sabe todo lo que pone, porque hay momentos que sobran hasta las palabras.”

Eso está muy bien, pero no es eso todo lo que había apuntado, y seguro que no es eso todo lo que había pensado, ni lo que ella merece, piensa un poco y escríbele en ese papelito todas las cosas que quieres decirle, ella no se merece un papel en blanco. Merece que se las escribas todas una por una y que las lea todas, aunque sean tantas.

Creo que al final lo he conseguido, al final he podido ponerle todas las cosas que estoy pensando y todas las que siento. Ya no es un papelito en blanco, ya están todas escritas sobre él, las miro y las leo en voz alta antes de enviárselas.

“….. Gracias.”

PARA TI

Para ti...

http://www.youtube.com/watch?v=UvSqtbe15_U

lunes, 30 de mayo de 2011

SÁBADO SIN TI

    
    Pues qué quieres que te diga. No es lo mismo. Nada que ver. Me solía levantar con una sonrisa y me vestía casi bailando, me duchaba cantando y desayunaba hablando con todo el mundo. Hoy parece que es un día más, como si fuese martes o jueves. La misma rutina, las mismas cosas, es como si la semana se alargase un día más. Pero es sábado, y aunque trabajes, parece que al ser sábado tienes menos ganas de hacer nada. Pues lo mismo. Solo que antes, otras veces, miraba a menudo el reloj y echaba números, ya solo quedan tres horas, dos, nada, lo miraba y a los cinco minutos lo volvía a mirar como si no me acordara que ya lo había mirado cinco minutos antes. Se ve que siempre andaba con un poco de prisa. 

Los vivía más rápidos aunque pareciesen más lentos, era emocionante la carrera que le solía echar al reloj, pero no me importaba, porque sabía que aunque jugásemos, llegaría la hora. Ahora no, ahora es distinto, no me apetece mirar el reloj, para qué..... si no tengo que ir a ningún sitio, si nadie me espera. Disimulo como puedo y me pongo como a hacer cosas, pero en realidad estoy intentando engañar al tiempo, en realidad no me apetece hacer nada, pero no es por nada, es porque es sábado, pero aún así, hoy no tengo ninguna excusa para no hacer nada. Otras veces sí, sí que la tenía. Era como si esa mañana, como si ese día fuese un espacio reservado para nosotros, y lo demás nada importaba. Ese día nos pertenecía, y lo demás era accesorio y secundario. Esas mañanas daba igual si hacía algo o no, solo pensaba en tí y miraba el reloj.

Ya son menos veinte. Otras veces, casi me empezaba a poner nervioso, comenzaba la marcha atrás, casi que ya me daban ganas de cerrar, pero bueno, no queda nada pensaba, me satisfacía el saber que había aguantado toda la mañana y que para lo que quedaba ya podría aguantar. Ahora no, ahora estoy deseando que lleguen las dos para irme a comer y, bueno, salir de aquí. Pero la verdad es que me da un poco igual, salir a las dos, que a las dos y veinte, o cerrar ya. Pienso que es temprano para comer, pero si no como, pues como si tampoco pasara nada. Total, me da un poco lo mismo.

Esa es la diferencia, otras veces, no comía o no me importaba no comer, porque tenía la excusa de verte un poco antes, de llegar antes donde estabas, y la verdad es que tampoco pensaba mucho en la comida, solo pensaba en tí. Ahora es distinto, pienso en lo que hace la gente normal cuando llega a esta hora y me digo, pues comer, y entonces hago como todo el mundo en su rutina diaria, comer. No, no es lo mismo.

Antes, cuando llegaba hasta tí, el tiempo se detenía. El reloj dormía y ya ni lo miraba, el teléfono ni lo usaba, era como si echara las persianas al mundo y colgara el cartelito de “no molesten”. Ya estaba contigo, y lo demás nada importaba. Ahora no es lo mismo. El tiempo no se detiene, sigo sus directrices y pienso en lo que hace todo el mundo, comer, descansar, volver al trabajo, ver el partido, dejar que pase el tiempo supongo de alguna manera. Pero sin darme cuenta, pues espero a que termine el día para empezar el siguiente. Antes no, antes aunque no miraba el reloj, deseaba que nunca se terminara el día, la verdad es que siempre perdía la noción del tiempo y ni siquiera sabía en el momento que estábamos, vivíamos a otra velocidad distinta, como más aprisa, o tal vez era más despacio, bueno en realidad tampoco nos importaba mucho... vivíamos.

Hoy es todo como más vulgar, todo me parece prescindible, muy previsible. No es sábado es inercia, es dejar el cuerpo inmóvil y que haga lo que quiera, como si todo te diese igual. Creo que es falta de motivación o falta de ilusión. Antes no, antes vivíamos aceleradamente. Nos arreglábamos para ir a tomarnos un café, o discutíamos si nos íbamos a la playa o ver alguna película, dudábamos si lavar el coche o permanecer abrazados en ese sofá, era distinto, compartíamos el tiempo y todas las cosas que iban surgiendo. Lo que hacíamos, poco o mucho, era agradable, lo hacíamos porque en ese momento nos apetecía. Pensábamos en las cientos de cosas que podríamos hacer o nos apetecía. Pero ahora no, ahora las cosas que haces no sabes ni porqué las haces, pero creo que hoy las cosas las hago sin pensar, simplemente por hacerlas, o tal vez porque todo el mundo las hace cuando llega esa hora. No, no es lo mismo. No tiene nada que ver.

No es lo mismo un sábado sin tí.

  

sábado, 28 de mayo de 2011

EL MEJOR DESAYUNO


Hay un día en el que te despiertas, miras a tu alrededor y ves que el aire vuelve a ser transparente. Lo vuelves a ver todo claro. Todo lo que nublaba tu vida ha desaparecido como por arte de magia. Es como cuando se levanta la niebla y vuelves a ver las formas, los colores, las distancias...

Ese día decides mirarte al espejo y verte tal cual eres, sin la niebla que te desdibujaba. Primero te das un vistazo general y piensas “joder! Cómo he podido engordar tanto??!!”. Miras tu pelo y ves con horror una primera cana, pero... “Bueno... no pasa nada, me puedo teñir.. ahora hay colores preciosos y muy naturales”. Miras tu cara y vuelves a horrorizarte, una arruga donde antes no había nada!!! Tu cara... con ese gesto de arrugar los ojos mucho para fijarte en lo que ves.... No te reconoces!!

Qué te ha pasado durante la niebla??

Por qué no has puesto remedio antes???

Tanto tiempo ha pasado??

Qué has estado haciendo??

En qué te fijabas??

Sales al balcón. En pijama, no te importa, estás tan contenta por la desaparición de la niebla que piensas que si el vecino se te queda mirando con cara rara, le saludarás y le darás los buenos días con tu mejor sonrisa.

Y desde allí arriba, vuelves a mirar alrededor y lo vuelves a ver todo claro, y te encanta, y ves el sol, y las siluetas de las palmeras, y la playa, y los niños jugando en ella... Está todo ahí otra vez, y respiras hondo y dejas que el aire cálido entre en tus pulmones. Entonces levantas los brazos y gritas, AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!! Fuerte! Muy fuerte. Tan fuerte que todos los sapos y culebras que te quedaban dentro y que se habían criado por la humedad de la niebla, salen y explotan al calor del sol.

Entonces sí te mira el vecino! Y los niños de la playa! Pero te da igual, les saludas con la mano y te vuelves hacia dentro con la sensación de que la ducha de sol que te acabas de dar bien merece un “Esta tía está loca!”....

Te sientas en el borde de la cama y ves tus collares en la mesilla... cuanto tiempo que no te los pones? Por qué no cambias los cuadros de sitio? Por qué no cambias la cama de sitio? Por qué no te pones aquellos vaqueros olvidados? Por qué no llamas a aquella amiga que hace siglos que no ves?... Te das cuenta de que tienes mucho por hacer, por vivir, por sentir.

Una ducha. Sí! Una ducha tibia, larga, con todos los geles, y aceites, y suavizantes.... Te sientes limpia, fresca, nueva!! No entiendes a los que no se duchan!!

Te vistes de azul claro y bajas a desayunar en la terraza.

Te sientas a la sombra, con el café con leche, y piensas....

Por fin!

Ya era hora!

Salió el sol!

Huelo bien.... no me importa la cana ni la arruga, y ... tampoco estoy tan mal. Me gusto, me gusta mi nueva vida...

Y miras a la familia de gatos que se ha trasladado a vivir a tus macetas. Pensabas que no te gustaban los gatos, pero.... el pequeñajo gris es tan mono!!

Vas a empezar de nuevo, bajo el sol y las palmeras.... por fin.

Bendito tiempo, que cambia, que no se estanca...

Se podrá meter tiempo en un tarro y regalarlo?

No.

Pues vaya... a mi me hubiera venido bien un regalo así hace tiempo.

Al Tiempo le pido tiempo y el Tiempo, tiempo me da.

Y está bien así.

Sí.

Y vendrán tiempos mejores todavía.

Sí?

Sí. Seguro.

Anda niña!! Acábate el café y ponte las pilas!!! No pierdas el tiempo que te están esperando y no querrás que se cansen, verdad?

No, no!!! Que me esperen que no tardo nada!!!!!!

LA VIDA LOCA


Giraba la noria y un vuelco en el estómago me hacia presagiar lo peor, temí por el algodón de azúcar que minutos antes me había tomado y una sensación de miedo y emoción me invadió cuando debajo los veía a todos tan pequeñitos, sonreía gritándoles cada vez que la noria descendía y agitaban sus manos para saludarme, ehhhh me gritaban y yo les chillaba con un grito más de espanto y desahogo que otra cosa mientras de nuevo comenzaba a subir. Aquel bocinazo final me resultó prodigioso y ver como la velocidad se aminoraba y el murmullo de la gente de nuevo se apoderaba de mis oidos. Lo primero que había hecho cuando llegué es lo de siempre, irme directamente al tiovivo corriendo a sacar las dos fichas, era el inicio de siempre. Subirme y rotar alrededor de ellos, levantar las manos a su paso, que cada vez era más rápido, y esa sensación de trote que te imprimes cada vez que subes y bajas al mismo tiempo que das vueltas era una de mis pasiones favoritas.


Mi paso por los coches eléctricos era obligado aquella tarde, donde mis amigos estaban arremolinados alrededor de aquel banco de tubos, mientras escuchaban la música alta y esperaban a que alguien con ficha les invitara a subir a alguno. Nacho subió conmigo, y empezamos como locos a darle vueltas al volante y a gritar, la tomamos con nuestras amigas que habían cogido otro de los coches, las perseguíamos por la pista y cuando se atascaban al final de ella, era cuando aparecíamos nosotros por detrás y le embestíamos entre risas. Siempre nos la devolvían en algún descuido y luego terminábamos echándonos en cara lo sucedido y retándonos para el próximo viaje.

La verdad es que fue una tarde mágica, divertida y llena de colores y sabores. Había empezado a anochecer y decidimos irnos al bar Luis a sentarnos en las sillas metálicas de la terraza a disfrutar de la tarde. Siempre quedábamos alli todas las tardes, y el poco dinero que teníamos lo empleábamos en una coca-cola interminable que nos permitía estar allí sentado durante horas. Allí estábamos todos sentados, ellas y nosotros mezclados, diciendo tonterías como siempre y riéndonos de todo bicho viviente que pasaba en ese momento por allí.

Las bromas se sucedían mientras unos ya se habían retado al futbolín y estaban dando cuenta de ello. Siempre terminaban apareciendo secretos a voces e indirectas que a más de uno siempre nos hacía sonrojar, sobre todo cuando el comentario o la broma iba relacionada con la chica que me gustaba, y que disimuladamente en ese momento cogía a Esther del brazo para ir un momento al baño. No lo pude evitar, siempre me daba un poco de vergüenza verlos a todos mirándome fijamente y riéndose a carcajada limpia con esas bromitas indirectas. Pero eso mismo nos pasaba a todos creo. Nunca hacíamos planes, solo estábamos allí, las conversaciones se sucedían de unas a otras creciendo desde comentarios chisposos y entre risas, no necesitábamos nada, solo estar y eso siempre era suficiente para pasarlo siempre bien.

Fue un momento mágico y entrañable el que pasamos, pero se iba haciendo de noche y decidimos irnos todos a la casa del Sebas, ya que sus padres esa noche se habían ido fuera y podíamos formar allí nuestra fiesta. Conforme íbamos llegando íbamos cogiendo cervezas que habíamos comprado en la bodega del Sevilla, junto con cubitos y algunas botellas de ginebra y las respectivas coca-colas de dos litros. Jose Pablo, el gordito, era el que siempre estaba detrás del tocadiscos, ellas estaban todas sentadas en el sofá y nosotros andábamos haciendo el tonto por allí con movimientos ridículos en medio del salón, todos teníamos un vaso en la mano.

Fumábamos mucho, y poco a poco conforme íbamos bebiendo nos íbamos animando todos, la improvisada pista que habíamos preparado ladeando los muebles cada vez estaba más llena, parecía que se hacía el movimiento en toda la casa, las puertas de las habitaciones se abrían y se cerraban de manera misteriosa, el baño siempre estaba ocupado, ya aparte de bailar cantábamos al unísono con el disco todos juntos y levantábamos las manos con frenética marcha. Las risas atronaban por las paredes, ellas ya parecían más desinhibidas y algunos no hacíamos más que pincharle al gordito para que pusiese alguna lenta de vez en cuando. La verdad es que nos pusimos todos hasta el culo, pero lo pasamos muy bien como siempre.

Luego habíamos quedado en la terraza del Puerto para tomarnos algo. Se estaba bien allí, tranquilos, viendo a la gente pasar y charlando de temas de actualidad. María nos hablaba de lo agobiada que se encontraba porque estaba en la peor semana de exámenes y llevaba muchos días sin dormir, había salido ese rato para despejarse un poco, Paco como siempre nos comentaba sus sinsabores políticos y se pasaba todo el rato poniendo a parir a “los otros”, Diego no dejaba la mano de Pili ni un instante, siempre se les había visto muy enamorados, y ya estaban haciendo planes de boda. La verdad es que esos ratos en que nos volvíamos a ver un poco después de que casi todos pasáramos la semana fuera, siempre resultaban la mar de agradables. Era nuestro momento tranquilo y de confidencias y pensamientos reflexivos. Ya no nos reíamos tanto, pero hablábamos mucho más y la sensación siempre era profunda. Decidimos levantarnos, hoy la ronda la había pagado Carol, puesto que era su cumpleaños. Habíamos decidido irnos después a la discoteca a terminar la noche.

Bueno, yo no fuí. Habíamos quedado con Pedro y Juani, y los niños para ir a cenar a “La Barraca” como todos los sábados. Era el poco rato que salíamos y no podíamos perdonar ese momento, aunque había dias que nos quedábamos en casa viendo el partido y allí pedíamos unas pizzas y luego nos tomábamos unas copas viendo alguna peli de video; Otras veces eramos nosotros los que íbamos a su casa, pero la mecánica siempre era la misma. Ellas hablaban de sus cosas, de sus ropas, de los niños, y nosotros siempre terminábamos hablando de fútbol, y yendo a comprar tabaco para tomarnos un cubata de estrangis, no sé porqué siempre pensábamos que ellas no sabían donde íbamos y que eran tontas, porque como cada vez tardábamos más en encontrar el tabaco, en el sitio cercano se había agotado y habíamos tenido que ir a otro sitio, o sea, cada vez estábamos mejor solos y una copa rápida se convertía en dos más lentas y una partida de billar.

Ya eran casi las dos de la madrugada, los niños hacían rato que se habían quedado dormidos... y ella también. Me apetecía volver al Puerto a dar un paseo, allí me encontré por casualidad con Elisa, hacia mucho tiempo que no la veía y siempre nos habíamos tenido mucho cariño. Decidimos sentarnos a tomarnos una copa, y nos pusimos a hablar y hablar y a contarnos muchas de las cosas que nos habían sucedido desde entonces. Fue de la manera que me enteré de que hacia poco tiempo que se había separado y de la manera que ella se enteró que a mí me había pasado lo mismo. Hablamos sobre todo de la vida, del camino que llevábamos recorrido y de lo mucho que nos acordábamos de todos, de todos los que hacía tanto tiempo que no veíamos. La verdad es que fué una charla agradable, estábamos contentos y decidimos irnos a su casa a tomarnos la última copa.

La tarde noche había sido intensa, pero había merecido la pena. Me despedí de ella con un par de besos, y ya casi amanecía, me apetecía dar un último paseo por la playa. En ese momento me terminaba de dar cuenta de que estaba solo, de que paseaba solo. Veía amanecer y como el cielo se iba anaranjando y las gaviotas empezaban a chirriar su pico en busca de comida. Ese día no me apetecía dormir, llegué a casa y me pegué una ducha refrescante. Encendí el ordenador y me dispuse a escribir, cuando de pronto veo que tengo en la entrada del correo un email.

viernes, 27 de mayo de 2011

II CARTA DE ENONE A PARIS

Querido Paris.

Yo tambien he estado muy preocupada,  porque no sé lo que me ha pasado. De repente me he visto perdida en ninguna parte y sin saber lo que hacía.  De repente me ví  a lomos de ese caballo blanco porque me sentía sola. 

Hermes me había dicho que me habias dejado,  porque querias conocer a las diosas Afrodita, Hera y Atenea,  porque querías conocer una nueva vida.  Entonces me volví loca y quise huir.

Sí que te quiero, París.  El saber que querias olvidarme hizo que me sintiera confusa y que quisiera desaparecer,  no podía soportar verte en otra vida distinta a la que habiamos vivido. Yo tambien te echo de menos y estoy deseando volver para curarte y para cuidarte.

Enone.

CARTA DE PARIS A ENONE

Querida Enone,

Estoy muy preocupado porque últimamente no das señales de vida.

Las diosas supremas Afrodita, Hera y Atenea me cuentan que te han visto a lomos de un caballo blanco, como loca, y que tu padre y Hermes no saben qué hacer para pararte.

¿Se puede saber qué haces a lomos de ese caballo?¿huyes de algo?¿quieres dejarme?

No sé si me quieres Enone. No sé si esto lo haces por voluntad propia o si te has vuelto loca, pero una cosa sí sé, y es que ya han pasado tres meses y aún no has venido. Te echo de menos y no pienso irme a ninguna parte hasta que decidas volver y curarme, porque sólo tú puedes hacerlo, mis hermanas están en las afueras y yo cada día me siento peor.

Te estaré esperando, no lo olvides, porque sé que no puedes cuidarte sola, igual que yo no puedo cuidarme solo.

Con una gran esperanza de que vuelvas.

Paris

miércoles, 25 de mayo de 2011

BARCOS DE PAPEL



Como escenas de esa película inacabada pasan fotogramas por mi retina intentando agarrar los momentos vividos y aferrarte a su compañía sorbiendo el café de tus días, horas que pasan sin intentar convencerte de nada que no hayas sentido o vivido, no es volver para atrás sino despejar misterios sin resolver pensando en posibles errores no cometidos o tal vez sacarte una sonrisa del alma, o quizás formar parte de ese sueño.

Cogidos de la mano y acariciando su palma recorrían el angosto camino hacia la playa, la brisa se le revolvía como pequeño placer ante sus ojos contemplando el mar y llenando sus zapatos de fina arena, la sensación de libertad y sentirse bien con la persona que amas a tu lado mientras las gaviotas juegan enfrente y las olas rompen a gritos su espuma blanca, miras hacia el horizonte y no piensas en nada salvo dejarte envolver por el olor a brea que penetra en tus sentidos y te hace feliz.

El silencio se acuna con las olas que lo matan de mentira y sonreimos mirando a la poca gente pasear al borde del mar. Caminar juntos de la mano y andar pequeños senderos de tramposa vegetación mientras a lo lejos le oimos y respiramos su mirada son de esos momentos que te liberan problemas y te devuelven la vida.

Sentados en una terraza cualquiera viendo la gente pasar, acompañados de cualquier cerveza fría o encendiendo el último cigarrillo mientras hablamos de cuando éramos adolescentes sintiendo la compañía de la persona que amas a tu lado y compartir ciertos momentos con la tarde calurosa bajo la sombra de cualquier árbol y la atenta mirada de la pareja de la mesa de al lado.

Difícil soñar sin vivir lo que sueñas y cuando lo vives quieres volver a soñarlo por unos minutos,  antes que el agua los borre por unos instantes y te devuelva a la vida real,  mientras se hunden hacia el fondo ante el oh de los niños sin olvidar la ilusión que antecede a cualquier sueño de que nunca se borren o que el agua no se los trague. Forjarlos y crearlos mientras los inventas y le das forma, te preparas para todo y empiezas tu obra a pasitos pequeños que enlazas encadenados con momentos vividos o tal vez imaginados.

Y cuando la madrugada te silencia y te deja con la persona que amas que descansa su cabeza sobre tu pecho mientras la abrazas y sientes su mano recorrer tu piel y sus labios sellar los tuyos en un tímido beso, cuando sientes su calor y su presencia enlazada a tí y no aspiras a nada más sino a vivirla como las estrellas viven la madrugada, la tenue luz testifica nuestra presencia a su lado y el calor de las sábanas nos envuelven en ellas y el silencio solo roto por un te quiero suave mientras le devuelves el beso que te había regalado.

O cuando emprendes ese viaje de ilusión hacia ninguna parte pero te subes al coche y la coges de la mano mientras conduces y oyes la suave melodía viendo pasar el paisaje y adentrándote en tus pequeñas cosas llevando a la persona que amas al lado dispuesta a compartir esos dias contigo y vivir la experiencia de salir de una rutina agobiante y parecer extraños en cualquier parte, comer en aquel viejo restaurante al calor de la gente mientras te observan raros o sientes al caer las gotas de ducha sobre tu cabeza mientras su mano enjabona tu cuerpo y te arreglas para tomar una copa.

Solo son momentos que yacen en nuestra mente sin borrarse ni dejar que el agua los engulla como barcos de papel que decididos se adentran en ella para navegar eternamente y que sin querer solo han formado parte de un sueño.

EL PÁJARO Y LA NIÑA


    Una tarde de otoño una niña estaba triste y pensando en lo que podría hacer para mitigar su tristeza se dedicó a observar a los pájaros. Vió a muchos volar sobre su cabeza pero se fijó en uno; el pájaro al observar que la niña le miraba, revoloteó alrededor de ella y la niña sonrió. Cada tarde regresaba al mismo lugar para ver si volvía a ver al pájaro que le hizo sonreir, y lo veía, y el pájaro cada vez que veía sonreir a la niña más revoloteaba, y la niña más sonreía.

Pasaron los dias y pasaron las tardes, y la niña cada vez más sonreía, ya no estaba triste, el pájaro le habia devuelto la felicidad, y la niña ahora si estaba ilusionada. El pájaro al ver tan feliz a la niña también se sintió feliz, y se hicieron muy amigos. Pasaban las tardes juntos, y ambos sonreían.

Una tarde se fueron juntos a la playa a ver el mar, y estuvieron juntos toda la tarde, el pájaro dejó de volar y se sentó a su lado sobre una gran roca. Pasaron una horas preciosas juntos, y el pájaro se enamoró de la niña. Pero la niña, que ya estaba feliz le dijo que no podía ser, que él tenía que volar lejos y que ella solo quería ser feliz, y ya lo era. Pero no quería nada más.

Un día la niña se fijó en otro pájaro, y lo observaba con atención, ya que también revoloteaba encima de ella, y ella también le sonrió. Parecía feliz. El primer pájaro la miraba como sonreía desde lo alto y miraba como el otro pájaro revoloteaba sobre ella. Al verla feliz se alejó y voló lejos, se escondió y se dedicó a volar. De vez en cuando pasaba por allí y los veía sonrientes, y se volvía a alejar.

Una de las tardes que revoloteó por el sitio para ver como se encontraba la niña la encontró triste, y le preguntó que porqué lo estaba, la niña le contestó que no lo sabía pero que volvía a estar triste. El pájaro le hizo compañía esa tarde, y la niña empezó a encontrarse mejor. Volvió a la siguiente tarde, y a la siguiente, y la niña de nuevo empezó a sonreir, y así de nuevo el pájaro le visitaba cada día, y la niña de nuevo empezó a ser feliz. El pájaro dejó de volar, y solo se dedicó a revolotear alrededor de la niña para que ella sonriese, para que ella fuese feliz.

Desde entonces, cada día y cada tarde, el pájaro y la niña pasaban las horas juntos, ella sonreía cada vez más, y el pájaro era feliz, y así pasaron los dias. El pájaro no dejaba de revolotear alrededor de la niña, y la niña cada día se sentía mejor con el pájaro. Un día, el pájaro le volvió a decir que la quería y ella le contestó que con él se sentía muy feliz, y que cada día que pasaba mejor se encontraba. Un día la niña le dijo que ella también le quería, porque le hacía muy feliz.

Y empezaron a salir juntos, y cada vez se les veía más unidos. Se veían a menudo y ya no solo el pájaro revoloteaba, sino que se acercaba a ella, y le picoteaba sus manos, mientras ella se acercaba a besar sus plumas, se les veía contentos y alegres, y cada vez se sentían más cercanos. Un día de los muchos que se vieron, a la niña le entró miedo de haberse enamorado de un pájaro, entonces se acordó que ella lo único que quería era ser feliz, y que el pájaro ya le había devuelto la felicidad, y ya sonreía. Le pidió al pájaro que se alejara, y el pájaro se volvió a alejar, y volvió a volar.

El pájaro se marchó triste, y la niña cuando le vió alejar también se empezó a poner triste. Al día siguiente se asomó para ver si le veía, pero el pájaro se había marchado volando hacia otra parte. La niña empezó a echarle de menos, y se asomaba cada tarde por el mismo sitio para ver si lo volvía a ver. El pájaro volvió a la tercera tarde, porque también la estaba echando de menos, y la vió esperándole. El pájaro dejó de estar triste y la niña empezó a sentirse mejor. Ya estaba otra vez con él.

Volvieron a salir juntos, y a verse cada día, y a ser felices, se veían a menudo y viajaron juntos, y él la enseño a volar y hablaban mucho, y se conocieron mejor. Por fín la niña era feliz, y el pájaro también. Se les veía contentos y enamorados a los dos. El pájaro cada vez que podía iba a verla y a estar con ella, y ella siempre le estaba esperando. Pasaron los días, y pasaron los meses, y la sonrisa siempre se le veía en la cara de la niña. Era feliz. Y el pájaro también.

Una tarde la niña le dijo al pájaro que de nuevo necesitaba que se alejara de él. Que aunque le hacía muy feliz quería estar sola. Que ya sonreía y era feliz. El pájaro se puso triste y de nuevo comenzó a volar. De nuevo tenía que alejarse de ella. Ella le miraba mientras se alejaba y poco a poco desaparecía de nuevo. El pájaro miró para atrás y triste siguió su vuelo. Ella se quedó triste, el pájaro no entendía nada.

Un día la niña empezó a asomarse a la ventana de nuevo para ver si veía al pájaro, lo echaba de menos. El pájaro siempre volvía pero nunca la veía asomada a la ventana, nunca coincidían. Harta de esperarle la niña fué a buscarle, recorrió los primeros sitios donde se conocieron, los lugares que visitaron, los sitios que frecuentaron, recorrió pueblos y ciudades en busca de su pájaro y no lo encontraba, le preguntó a otros pájaros y nadie sabía nada. Lo buscaba y lo buscaba, uno y otro día....

El pájaro, harto de que no se asomase a su ventana, se postró sobre ella, y allí se quedó durante dias y durante noches, esperándola. Pero ella no aparecía. Ella estaba buscándole mientras él la esperaba.

EL DIA MÁS LARGO

 

Te presiento hoy como muy largo, maldita la hora en que amaneciste porque lo hiciste sin pensar en mi. Tal vez podrías no haberlo hecho y haberme dejado dormido. Le temí anoche a esta hora y te tuve miedo, pánico aún sin haberte visto. Conté los minutos como queriendo pararlos, quise detenerme en algún instante echar marcha atrás o simplemente que no llegaras nunca.

Pero estás aquí, porque no conoces horas ni minutos, tu vida es imparable a diferencia de la mía, porque no sabes de miedos ni de sueños, porque no preguntas nunca y solo sigues tu camino. Tu indiferencia me mata porque eres cruel sin quererlo, me dejas aislado del mundo y solo contigo, me abrumas y me persigues. Quiero olvidarte y saber que no estás, que sigues tu camino y yo el mio, que cada uno hacemos nuestra vida y vago solo por el tiempo, ese maldito tiempo.

Si, me olvidaré de ti y pensaré que no estás. No te haré caso y seguiré mi vida, lucharé por mis minutos y aguantaré tus embestidas. Desafiaré tu tiempo con mis sueños y me acercaré a ellos para huir de tí. Me duele perderte y no saber de tí, confortar mi espera mientras me acompañas y me empujas a pasarte pronto. Hoy no quiero tenerte a mi lado, quiero estar solo sin tí, no quiero que me esperes ni me acompañes, que sigas tu camino, no hay espera y por tanto no te necesito, intentaré huir de tí pero que largo te me haces.

No es tu culpa, ya losé. Quiero ni mirarte saber que no estás pero no puedo olvidarte, me rodeas con tus brazos a cada segundo y me frenas, te me haces eterno y no puedo evitarte, lento y cansado sigues tu ritmo sin pensar en mí, no te detienes y todo te da igual. Te da igual lo que haga o lo que piense, lo que sueñe o lo que espere, me ignoras y te olvidas de mí. No puedo hacerlo, me mientes cada momento y ni te alejas, te me haces muy duro y no puedo evitarte, quiero correr y huir de tí pero me atrapas, me persigues. Eres como mi agonía, escurridizo y tranquilo mientras mi alma hoy vive acelerada pero no te importa, no tienes pausas como yo, que vivo a secuencias mirando hacia cada lado no buscando nada no esperando nada.

Hoy quiero correr, hoy no quiero parar, solo correr, extasiarme hasta ahogarme y no poder respirar porque hoy no respiro, no la tengo y a tí si que te tengo aunque no quiera. Pero tú no eres ella, ella me calmaba mis horas pero tú me las ignoras. No, no eres ella. Por eso quiero huir de tí, mi día más largo, mi día más triste. Pero no podré, al final me acompañarás como haces siempre, y me tenderás tu hombro y pensaré sobre ti, sobre tus horas. Quizás estemos los dos solos como tanto días, y lo mismo hasta me vienes bien, aunque tú no estés triste, aunque hoy ni siquiera te pares, aunque hoy no corras tanto ni avances en tu reloj. 

Hoy quería estar solo, pero tampoco me dejas. Me acompañan tus horas y tus minutos. Me acribillan tus segundos y hoy me fijó más en tí. Ralentizas mi muerte, desaceleras mi corazón, quizás sea la trampa que me has tendido para jugar conmigo o quizás sea tu bálsamo. No me importa, hoy estoy perdido contigo o sin tí. Escalaré tu tiempo a pesar de tí pero que duro me lo estás poniendo, eres eterno y me siento morir poco a poco más no sé si te alcanzaré o me faltarán las fuerzas. Disimulas con tu luz y tus ruidos pero me siento ausente, te intento evitar lo necesito, pero no te mueves. Te me estás haciendo largo y aún no has empezado. No quiero ni pensar en los siguientes, te necesito pero no así.

Ni siquiera se ha ido y mi alma está dolida y herida pero tus consuelos y los de tu tiempo no la curan, tendré que aguantarte sin remedio aunque estés triste, aunque estés largo. Ya formas parte de mí, como ayer o como mañana, te tengo pero no quería, no así. Hubiese preferido no haberme despertado no haberte conocido, haber prolongado mi noche haber prolongado mi sueño. No despertarme, hoy no.

SILENCIO

Sé que esperas mis palabras y te dejas los ojos en las mismas cosas que ya viste hace un momento y el silencio de mis labios te inquieta. Sé que miras la pantalla esperando que despierte y suene la melodía, esperas que aterricen pensamientos por alguna parte y asomarte a verlos sin sentir la gravedad del silencio que nos ahoga. Dejas pasar el tiempo impaciente acelerando sus desesperantes minutos, pero no se mueve. Hoy todo parece muy lento, casi quieto, inmóvil, inerte. Es un día extraño aunque el sol haya salido igual que todos los días. A veces las palabras no salen, no fluyen aunque sean necesarias, a veces se niegan a rellenar un folio vacío, un hueco vacío.

Retumba el eco de ayer o antes de ayer sobre nuestras paredes y enmudece el sonido de las teclas por instantes. No se enciende ninguna luz ni parpadea el cristal, solo el horizonte te acerca por la ventana como queriendo ver, imaginar que tras él quizás esté yo a lo lejos y en aquella dirección. Yo hago lo mismo intentando escalar con mis ojos las montañas que nos separan los metros que nos acercan.

No estás sola porque tu angustia es la mía, tus lágrimas resbalan por mis ojos de igual manera que mis silencios acallan tu garganta. El miedo nos bloquea y sangra corazones dañados por falta de aire, se nos oprime el pecho al mismo tiempo que nuestros pensamientos vuelan hacia la otra parte, piensas en lo mismo que yo y por momentos se cruzan en el viento dejando caer sobre el mar la duda de que estaré haciendo o que estarás pensando.

Aún quedan horas, ya han pasado algunas, hemos trotado por el mundo intentando evitarnos sin evitar poder mirar el reloj. Has adornado tus platos de bonitas palabras y te has rodeado de amigos, te has despertado pronto y has desayunado, has empujado tus horas y como has podido has intentado sonreir y te han sonreido.

Aunque mi voz no te llegue y te asuste mi silencio a mí sí me llega la tuya, retumba sobre mi almohada y se abraza sobre mi pecho, cierra los ojos y besa mis labios como cada noche, tu susurro me llega como siempre y prepara mis sueños, la siento pegada mientras se apaga la noche como cada noche cuando llega.

Yo me he peleado con el tiempo intentando arrebatarle su indiferencia, he volado con los pájaros acordándome de tí y me he entretenido llenando huecos de folios en blanco, he pensado en tí como tú lo has hecho en mí; a mi nadie me ha sonreido pero no me ha importado, hoy sabía que no podría.

He escuchado tus palabras a cada paso que daba, te he imaginado muchas veces y te he puesto en varios sitios según la hora asomándome en cada mirilla para poder verte en cada lugar. La de veces que habrás hecho lo mismo y la de veces que habrás pensado donde estaría. El silencio está roto por los recuerdos de ayer mismo y aún retumban tus palabras, oigo lágrimas caer y apagarse la voz en un sueño difícil. Me siento extraño, y aunque sé que me estás leyendo es como si me faltaras, como si algo me faltara.

Siempre viene bien el consuelo amigo y bonitas palabras que nos hagan llevaderas algunas horas, sentir menos la ausencia con la rotura de silencios angustiosos o hablar con alguien para no sentir tu vacío, confluir ideas que nos delate nuestro alterado rostro o enlazar páginas con vagas sonrisas que nos haga mirarnos en otros espejos. Esconder la tristeza que aprisiona nuestros estómagos, levantar persianas o barrer la terraza y despojarnos de ese maldito pañuelo que hoy amaneció empapado.

Es la palabra de un silencio difícil que cuesta sacar. He dudado mucho y no sabía lo que hacer con él. Quizás lo lance al aire para que algún hada lo pudiese convertir en grito y se pudiese confundir con el eco de uno tuyo.

SONRISAS Y LAGRIMAS


Hoy me he levantado con los ojos hinchados... más de lo normal, pero con unas ganas enormes de saltar de la cama, cosa que no me suele suceder casi nunca.

Hoy no se me han pegado las sábanas, todo lo contrario, han sido ellas las que me han escupido de la cama, como si yo fuera un estorbo... algo molesto.En fin, no se lo tendré en cuenta, porque no me apetece cargar másmi mochila de hoy.

Me he levantado temblorosa y algo asustada, pero al mirar por la ventana he visto que... sí, hoy también ha salido el sol, así que no hay por qué preocuparse. Parece que el Mundo ha decidido concederme un día más. Supongo que lo agradezco.

No sé por qué razón, algo inusual me ha sucedido...

Hoy mucha gente me ha sonreído por la calle. Gente que no conozco y que se ha cruzado en mi camino.... el chico de la moto del semáforo, el pintor de la casa del vecino, la niña que iba con su madre a la parada del autobús del colegio, la señora mayor cargada con tres barras de pan, el vendedor ambulante de plantas...

Al principio he pensado que no sonreían, sino que reían, porque he pensado que lo mejor para que nadie se fijase en mis ojos sería ponerme una flor en el pelo, para centrar la atención en otro punto. He estado a punto de quitármela... Pero no. En la segunda sonrisa he comprobado que me miraban a mi, no a la flor, a mi. Y no sé por qué... puede que supieran que hoy necesitaba esas sonrisas, puede que fuera casualidad, puede que yo les estuviera sonriendo primero sin darme cuenta...

Me ha emocionado esta situación tan extraña. Lo normal es que la gente no sonría por la calle... Me ha hecho soltar unas lágrimas.

Gracias....

martes, 24 de mayo de 2011

EL CAMINO DE ENONE

Caminos que se presentan ante nuestros ojos y nunca nos atrevimos por miedo, pena o cobardía dilatan nuestras pupilas hasta entristecernos y sumirnos en un callejón sin nuestra propia salida hasta sentirnos ahogados, ojos al suelo y miradas al reloj viendo pasar los dias mientras en nuestra mente aparecen horizontes muy lejanos de juventud o experiencias perdidas y solo lamentamos que de nuestras manos se nos escape nuestra propia vida sin hacer nada por impedirlo. Lamentable perspectiva ajena a soñadas decisiones que pululan por nuestra cabeza y nos hace dar terribles vueltas en la cama cada noche. La cobardía nos bloquea y la sensación de estar haciendo algo mal nos impide la claridad de la luz que enfoca ese horizonte deseado.

Tragamos la saliva perniciosa que nos susurra al oido cualquier tiempo pasado fué tal vez mejor pero perdido entre nuestras arrugas de rutina melancolía viendo a través de la ventana correr el mundo ante nuestros ojos y permanecer quietos o futuro mejor soñado y preguntarte porqué tú no tienes ese billete que te adentre también en esa vertiginosa vida, en esos preciosos sueños que se asoman cada tarde por esa misma ventana. Vemos pasar las tardes y las horas, nuestros sueños se consumen tras esa ventana y nos ahoga la indecisión, buscamos la excusa perfecta para nuestra propia mentira y cualquier cosa vale para gritar de una vez todo ese silencio que nos mataba y nos ahogaba.

Dejamos por una vez que la luz atraviese nuestra retina e ilumine nuestro valor soltando un grito de rabia contenida, sin mirar atrás por miedo a volver al precipicio que siempre nos atormentaba, hinchamos el pecho y soltamos aire creciendo por momentos unos centímetros de ilusión mientras calculamos con paso firme el paso firme y decidido. No hay marcha atrás te repites y te vuelves a repetir, momento soñado de tu liberación te vuelves a asomar a esa ventana mientras te fundes en tu propia contradicción. Ahora ves en el horizonte a Enone subida sobre un precioso caballo blanco, sus cabellos al viento y la brisa dándole en la cara fresca y radiante y sonríes mientras tu rostro se inunda de lágrimas calladas y el miedo sobrevuela tan mágica visión, décimas de segundo suficientes para enjugártelas con suspiro hondo sintiendo un puñal en tu corazón y arrancándotelo a trozos mientras vuelves a sonreir, abres la puerta y echas a correr.

Desnuda como el viento, tus cabellos al aire y el pánico amenazándote tu mirada emprendes el camino de aquel caballo blanco que imaginaste tantos dias. Sabes que cada pausa y descanso te hará llorar y brotará de la herida sangre culpable, aprendes pronto y te tragas tu aliento sin remedio hasta alcanzar el final del maldito puente sobre antiguas aguas turbulentas. Desvalida y sudorosa, sangrante y cansada logras el final de tu propia huida y de pronto tu rostro embellece mientras el caballo te espera al otro lado, lo acaricias y sientes el silencio del mundo a tus pies, no miras atrás ni recuerdas el sufrimiento de la carrera que te ha hecho libre. Comienzas una nueva vida. Te subes a ese caballo blanco y que te lleve donde quiera sin pensar ni siquiera donde.

Tu corazón respira, y se hinchan tus ojos al ver la luz de las estrellas por primera vez mientras juegan tus sueños traviesos con el firmamento y se entrecruzan con la luna mientras bailan los planetas y aplaude el universo a tus pies. Solo es un momento. El caballo blanco necesita beber y tú necesitas descansar. No lo conocías y te abrumas en la oscuridad extraña pero sobrevives y creces minuto a minuto, tu figura enaltece y tu rostro emblanquece, tu mirada gira y gira entusiasmada hacia un lado y hacia otro, él te espera y vas a su encuentro compartiendo un nuevo camino mientras cogida de su mano dejas el caballo volver a otros mundos, a otras almas encarceladas entre sueños, y te retiras de allí, te adentras a la vida y a la luz, y empiezas de nuevo a soñar.

Te das cuenta que los sueños nunca desaparecen, sino que reproducen sus sonidos cada noche y te hablan de amor, te distraen y te miran. Eres mayor de edad en sueños y te paras a pensar, volver a tí misma y conocerte mejor era el tuyo, abres las manos y lo miras ahí, lo tienes y te preguntas si era ese el que querías. Si era ese el camino, si eras tú la que soñabas esa tarde mirando la ventana. Lo elegiste tú. Y ahora vuelas como volaba aquel caballo blanco aquella tarde. Respiras hondo de nuevo y le das cuerda a tus sueños cada noche, te preguntas si Enone sonríe y contempla el cielo estrellado cada noche, te preguntas si ahora es feliz, te preguntas si se hace preguntas cada noche, ahora te preguntas si escogió bien su camino o simplemente ha vuelto la vida disfrazada de aquella sonrisa que siempre echaste de menos o de aquella ilusión perdida.

lunes, 23 de mayo de 2011

AMIGAS


Lydia y Sandra estaban gravemente enfermas, a ambas le quedaban poco tiempo de vida y ocupaban la misma habitación en aquel olvidado hospital. Sandra, durante una hora al día podia levantarse un poco e incorporarse para poder evacuar fluido de sus pulmones, mientras Lydia debía permanecer siempre tumbada sobre su espalda, inmóvil, jamás volvería a poder moverse. Las dos hablaban durante horas, hablaban de viejos novios, de sus familias, de los trabajos que habían tenido, de sus viajes o de sus vacaciones. La cama de Sandra, estaba al lado de la única ventana que había en la habitación.

Cada mediodía, cuando a Sandra le llegaba la hora de incorporarse de su cama, se pasaba la hora relatándole a Lydia todo lo que a través de ella podía ver fuera. Desde entonces, a Lydia se la veía mucho más animada, es como si durante ese tiempo empezara a vivir, como si ampliara su pequeño mundo entusiasmada por todas las cosas que pasaban en el exterior.

Sandra le hablaba de colores, le hablaba de un hermoso parque con lago que había al otro lado lleno de cisnes y patos, le hablaba de como las personas que por alli pasaban le echaban comida a los animales. Le hablaba de los niños que cada día se acercaban a jugar con sus barcos en miniatura, le hablaba de esa pareja de enamorados que cada dia quedaban en aquel banco del parque. Le contaba lo grande que eran los árboles y lo bonitas que eran las flores que adornaban aquel jardín, le contaba interesante lo bonito del paisaje y la hermosa vista de la ciudad que desde allí se veía.

Mientras Sandra contaba todo eso con detalles exquisitos, Lydia cerraba sus ojos y trataba de imaginar aquellas preciosas escenas. Otro día le describió un desfile que pasaba por alli, ya que aunque Lydia no podia oir la orquesta sí que podría imaginar la música y las notas tan perfectamente relatadas y llenas de poesía con que su amiga se lo contaba.

Un día, al entrar la enfermera a la habitación, descubrió el cuerpo de Sandra tendido en su cama sin respiración, su vida se había apagado durante la noche tranquila y apaciblemente durante su sueño. Entristecida, pidió ayuda para poder llevarse el cuerpo de la habitación mientras observaba a Lydia como derramaba unas lágrimas silenciosas.

Cuando vió el momento oportuno, Lydia le dijo a la enfermera si ella podría ocupar la cama de Sandra para poder estar más cerca de la ventana. La enfermera se alegró de poder complacerla y tras comprobar que estaba confortablemente instalada la dejó sola. Como pudo intentó alzarse sobre un codo para poder echar un primer vistazo a través de aquella ventana, por fín tendría la alegría de poder ver con sus propios ojos todo lo que su amiga le había descrito tan bien y le había devuelto la vida.

Para su sorpresa, lo que alcanzó a ver a través de su ventana y lo único que desde aquella ventana se podía ver era un muro de piedra de un edificio adyacente que se encontraba totalmente pegado a la fachada del hospital.

Un día le preguntó a la enfermera porqué su amiga le había descrito tantas maravillas mientras que a través de aquella ventana no había nada. La enfermera le respondió que posiblemente lo que habría querido era animarla un poco y que se sintiera bien, ya que Sandra siempre fué ciega.

sábado, 21 de mayo de 2011

JORNADA DE REFLEXION



Es posible que en estos dias se me pueda tachar de tonto incrédulo o pardillo y hagan meterme el dedo en la boca cual parvulito obedece a unas directrices dificilísimas de entender. Siento que me han engañado muchas veces, y presiento que volverán a ser muchas las que lo volverán a hacer, siento el miedo al silencio contenido y escondido bajo una rabia que bloquea mi impotencia, estoy harto de hablar y hablar y comentar lo que está pasando en este país en cualquiera de los sectores que se analicen y de oir repetidas quejas por la situación y el malestar generado por la nula respuesta a tan dificil panorama, siento mis manos atadas con palabras huecas y vacías de contenido donde la claudicación y la resignación se me ofrece como única fórmula de reacción. Han sido años de escucha permanente, años de espera infundada y de falsas expectativas, de mentiras y de engaños y falsas esperanzas como para seguir pasivo una semana tras otra. El querer y no poder es la angustia que te bloquea cada mañana cuando abres la puerta de tu negocio o de tu empresa, la inseguridad es la tónica que sobrevuela sobre nuestros trabajos y la falta de expectativas es el abc de nuestro corrillo diario.

No podemos tirarnos la vida pensando en cuando se va a acabar esto o el recurrente ya vendrán tiempos mejores, la necesidad de desbloquearse se hace obsesiva y la nula capacidad de reacción se suele hacer agobiante, no podemos dejar pasar los dias esperando a la nada sino que urge una respuesta a todo este vacío de falta de ilusión. Unos cuántos locos se han decidido por mi, y me han dicho, quizás no te demos la solución pero aquí tienes nuestra voz y nuestro grito para que lo unas al tuyo, ese que no te sale. Tal vez los mire con incredulidad, pero no sería sino una más a la amplia lista de ellas que me agobian, necesitaba gritar y sé que no conseguiré nada con ello, pero necesitaba hacerlo. Tal vez me miren raro y me digan que así no conseguiré nada, y tal vez tengan razón, pero me satisface ver que en esta situación no me encuentro solo, que mis sueños por la noches no son baldíos y que al menos tengo un motivo para mi propia lucha.

No es cierto que todo esto solo sirva para protestar, hay propuestas, decenas de ellas; No es cierto que se luche contra los políticos, solo se le exige que sean responsables y no utilicen las instituciones de todos solo para su interés personal; No es cierto que se rechace la democracia, se pide más democracia y que esta recaiga sobre sus legítimos dueños que es el pueblo a quien durante una serie de años se la han arrebatado; No es cierto que no se crea en los votos, se exige que valgan por su valor y para ello se exige una reforma electoral; No es cierto que se sea antisistema, el antisistema es la corrupción, la injusticia y la impunidad; No es cierto que todos los que creamos en esto seamos apolíticos, estamos en contra de las dictaduras de los partidos; No es cierto que todo esto sea fruto de un cabreo juvenil generalizado, lo apoyan muchas personas de todas las edades y condiciones; No es cierto que el dia veintitrés esto ya no tenga sentido, seguirá la lucha y seguiremos reaccionando porque eso es lo que ellos quieren que el lunes ya nos hayamos olvidado de todo y todo vuelva a ser como antes.

Esto no puede parar, me emociona ver los ojos del mundo pendiente de cuatro locos cantando consignas y sentados sobre la loseta, durmiendo en tiendas de campaña y dejándose la voz cada tarde. Me emociona la solidaridad con que personas de todas las edades comparten una misma idea y una misma necesidad de cambio. Me motiva más ver a gente ridiculizar nuestros movimientos o nuestros pensamientos cada uno desde donde pueda o desde donde quiera y mofarse o reirse de gente que solo busca un poco de justicia social. Me ilusiona pensar que quizás me estrelle con un muro irrompible pero me satisface el colaborar para intentar derribarlo. Me produce una enorme satisfacción que por una vez en este país la jornada de reflexión se utilice para algo más que para descansar de una agotadora campaña y sirva de verdad para una profunda reflexión.

viernes, 20 de mayo de 2011

KILÓMETRO CERO


Como cada mañana me levanto muy temprano, cada vez me cuesta más conciliar el sueño, y a eso de las seis de la mañana algo me tira de la cama que me impide permanecer en ella, es como si sintiese que estoy perdiendo el tiempo y la ansiedad me impidiese quedarme quieta. Me ducho y me preparo un café, mientras enciendo el ordenador. Leo las últimas noticias y me dedico como cada mañana a enviar currículums a diferentes empresas, creo que ya he enviado más de tres mil a todas las partes del mundo.

Salgo muy temprano de casa con mi carpeta, y tiro de la lista de empresas que visitaré hoy. A las diez tengo una entrevista y tras permanecer media hora larga en una siniestra y silenciosa sala de espera con otras tres compañeras más por fín oigo mi nombre. Me hacen unas preguntas sin mirarme a los ojos mientras hojean mi currículum.

Tengo 39 años y desde hace un año y medio que estoy en el paro. Mi empresa cerró y nos fuimos todos a la calle, soy ingeniera agrónoma y trabajé durante once años en una empresa de fertilizantes. Me habia comprado un piso que estaba pagando de manera cómoda, lo sobrellevaba bien y nunca tuve problemas para pagar mi cuota. Poco a poco me la fueron subiendo sin darme cuenta y ahora de los seiscientos cuarenta y ocho euros que pagaba se me ha subido a setecientos setenta y nueve. Cuando me despidieron, pasé a cobrar un subisidio de novecientos cuarenta y dos euros, y solo me quedan cuatro meses de prestación. Me siento un poco agobiada, aunque gracias a lo que mis padres buenamente me mandan siento que lo voy sobrellevando medio bien. Pero conforme se acerca el final y veo que no encuentro la manera de colocarme en cualquier sitio, me suelo agobiar cada vez más.

Durante tres meses, he estado poniendo copas en una cafeteria los fines de semana, y me pagaban cuarenta euros por noche que me servian para mis gastos, pero la cafetería tambien cerró. Tras unas preguntas livianas de compromiso, por enésima vez oigo la misma frase de siempre, muchas gracias ya le llamaremos. Son las doce menos cuarto, y me voy a dar un paseo por el parque, me siento en un banco a ver a los niños jugar mientras echo un vistazo a los anuncios clasificados y remarco las visitas de mañana en rojo. Me subo a casa y me preparo una ensalada para comer. Abro de nuevo el ordenador y abro el messenger para hablar con mi amiga, ella está en la misma situación que yo y nos contamos como nos ha ido la mañana.

Me comenta que esta noche hay una manifestación en Sol de gente que se encuentra más o menos como nosotras y decidimos quedar para asistir. Veo la televisión un poco, y de nuevo me meto en el ordenador a revisar mis correos para ver si tengo alguna noticia de algún trabajo, me meto en la página de la organización que ha convocado la manifestación y me quedo un poco sorprendida de los testimonios, no sé porqué me veo reflejada en cada uno de ellos, visiono unos cuántos videos en youtube y cada vez me siento un poco más cerca de todas esas palabras. Comparto mi angustia y mi tristeza y por primera vez pienso que no estoy sola.

Me arreglo y me marcho al encuentro de mi amiga, juntos nos acercamos a la plaza donde vemos con sorpresa que ya hay bastante gente. Nos quedamos un poco sorprendidas y decidimos meternos dentro del mogollón, abriéndonos paso como podemos entre la multitud observo a la gente y me fijo en los cartelitos que mucha gente lleva, algunos muy recurrentes y sonrio, me fijo y veo que hay mucha gente jóven, veo a personas mayores tambien, me fijo en ese padre con su niñito en brazos, en esa pareja que se besan mientras rien a carcajadas de alguna ocurrencia espontánea, en esa pandilla que entonan canciones con las manos en alto, nos acercamos a un grupo que se encuentran sentados en círculo mientras el chico de melena rubia porta la guitarra y todos le acompañan. Hemos encontrado un buen sitio, de repente todos empiezan a cantar consignas, algunas graciosas.

Lo que en un principio me había parecido una simple curiosidad ahora nos está emocionando un poco a las dos. Nos unimos a los gritos de manera espontánea cuando de pronto me veo con las manos levantadas alzando cada vez un poco más mi voz. Siento algo extraño en ese momento dentro de mí, algo que hacia mucho tiempo que no había sentido. Quizás la sensación de no sentirme sola, quizás una sensación de esperanza, quizás fuese de rabia contenida, pero los gritos de la gente me engullían y silenciaban mis pensamientos los mios propios. Mi voz cada vez se alzaba más, mientras seguía observando los rostros de la gente, me emocionaba viendo sus caras y en ellas veía reflejada la mía. Por un momento, me sentí bien. Muy bien.

Cuando nos retirábamos a eso de las dos de la mañana, observamos como algunos comenzaban a montar unas tiendas de campaña pequeñitas, por lo visto habían decidido pasar la noche alli. Me soprendió la solidaridad con que todos les ayudaban a montarlas. Seguian habiendo grupitos pequeños cantando, mucha gente se marchaba, mucha gente se quedaba. Oia a la gente apoyarles, acercarles comida y mantas. Vi a gente muy emocionada. Un nudo se me dispuso en la garganta y no quise pensar más. Le dije a mi amiga que nos fuésemos a casa.

Me acosté, y no pude conciliar el sueño. Me sentía mal en ese momento mientras me abrigaba con la manta. Había empezado a llover y no me quitaba de la cabeza a esas personas que en ese momento estarian durmiendo bajo la lluvia. Creo que en ese momento lloré y empecé a dar vueltas en la cama. No lo dudé, me levanté, cogí ropa de abrigo, saqué mi viejo saco de dormir y me dirigí hacia Sol. Pronto me acogieron, y empecé a conocer gente. Pasé por fin una buena noche, estuvimos hablando toda la noche, mientras otros dormían, otros cantaban. La lluvia no nos importó. Mañana pienso repetir. Alguien se acerca a mí y me pregunta porqué lo hacemos. No lo sé, le respondo, porque creo que si no lo hiciese me sentiría peor, lo que estoy haciendo me está ayudando a sentirme mejor, le dije invitándole a sentarse con nosotros. Cosa que no dudó en hacer.

Amanece, hace frio, mucho frio. Y poco a poco veo como empieza a venir más gente a la plaza. Cada vez más. Recogí mi saco y me dispuse a marcharme a casa. Me prometí en ese momento volver esa misma tarde.

jueves, 19 de mayo de 2011

EL CENTRO DE MI UNIVERSO


No voy a hacer círculos concéntricos para decir que mi centro del Universo soy yo. Y no lo voy a hacer, porque todo lo que gira a mi alrededor lo hace en forma de elipse, como la órbita de la Tierra alrededor del Sol.

Estoy aquí, en mi centro y las cosas se acercan o se alejan sin que yo pueda hacer nada por impedirlo. O puede que si, pero no quiero. Soy muy comodona y prefiero que las cosas vengan como tengan que venir y se vayan si se tienen que ir.


¿Dónde está el centro del Universo? Pregunta cojonera donde las haya, a la que yo he encontrado respuesta, pero que trae de cabeza a científicos, tertulianos y filósofos y a cualquiera que tenga ganas de dar conversación a su vecino. Sencillo: El centro del Universo está donde yo esté. MI centro del Universo, claro...

Y es que desde siempre ha habido esa obsesión por encontrar el punto centro, el eje que hace que todo nuestro mundo gire alrededor de sí. El tema está en que ese punto centro dependerá de la amplitud de miras de quien lo busca, así que ahora, con los tiempos que corren, podemos tener muchísimos puntos centro, tantos como queramos, de forma que cada uno elija el que le quede más a mano, según sus necesidades, sus preferencias, etc. Si se es corto de miras, el punto centro al que te agarras no te deja ver más allá de tus propias narices. Como cuando uno está enamorado y piensa que todo gira en torno a su media naranja. Menos mal que pasa.... que es una situación transitoria. Peor es cuando uno se enamora de sí mismo (cosa que más o menos nos pasa a todos, como a mi, que ya lo he confesado nada más empezar), y se convence de que es el ombligo del mundo, que todos le miran y le molesta hasta que un chimpancé estornude sin su permiso. Mi caso no llega a ese extremo, claro, pero reconozco que sí soy el ombligo de mi mundo, porque me importo mucho. Y en realidad no creo que sea tan malo como lo pintan.

A estas alturas seguro que muchos estáis pensando en egoísmo, narcisismo y cosas por el estilo. Pero no tiene nada que ver. Lo mío es control de la situación. Me gusta estar cómodamente sentada en mi trono solar y verlas venir, porque mientras vienen me da tiempo a pensar y por lo tanto a actuar en consecuencia según mis preferencias. Pero todo es discutible, claro, y vosotros podréis pensar de mi lo que queráis.

Por culpa de este mi centro he dejado ir a amigos, pero porque he querido, conste, que en Mi Mundo mando yo. Y gracias a este mi centro he conseguido el equilibrio, un punto de apoyo. Ya no me agobio pensando en qué pasará mañana, en si algo me va a afectar más o menos, en si debería haber hecho o podría haber pasado. Desde mi trono solar veo con perspectiva, observo, analizo, pienso... atraigo lo que me gusta y repelo lo que me molesta. (Bueno, no siempre lo consigo, porque normalmente las cosas suceden no sólo por mi voluntad, sino porque otras voluntades también intervienen).

Alguien se ha enterado de algo? Lo pregunto porque esto sólo es un desbarre personal. Y es que de vez en cuando, estar todo el rato sentada en el trono solar aburre.... y claro, una acaba por desbarrar.... Así que creo que será mejor que me baje a dar una vuelta y despejarme.

Sí, de vez en cuando me bajo.

(Y esto es para ti, sí, para ti... Ella lo sabrá si me lee)