martes, 31 de mayo de 2011

LA AMANTE DE ALBERTI



     Te siento triste y callado, sin poder disimular vieja melancolía y sin apartar tus ojos de esa ventana que te devuelve a la vida cada vez que te asomas. Te pasas las horas asomado y sintiendo la nostalgia de toda una vida dedicada a ella, enamorado de ella. Bella es tu mar, viejo lobo y lloras cuando la abrazas con tus lágrimas y las ves ahí mirándote cada día y dejándose querer por tu triste mirada. La echas de menos y te duele no besarla como hacías cada noche, como hacías cada día. El no tenerla te cuesta la vida, ella te lo nota y siente como te apagas, cansado mirándola a ella. 

  Sabes que siempre te quiso y lo hará hasta que mueras, pero te duele no abrazarla y sentirla en tu piel, rodearte de su sal, de su olor y de su brisa. Ahora la ves alli, muda y callada, esperando que sueñes con ella como haces cada tarde. Te levantas cada mañana y vas a su encuentro, mientras todos duermen y el silencio enmudece nuestros sueños, cumples como cada día de tu vida y vas a su lado, solo quieres estar cerca, rodeada de ella, sentirla y olerla, aunque no la puedas abrazar aunque no la puedas besar, solo quieres la presencia de ella.

Añoras los besos que te enviaba y jugaban contigo, las lunas que amabas, las luces que soñabas, echas de menos el silencio de sus miedos, la humedad de sus jarcias, la belleza de sus vientos. Recuerdas las noches estrelladas cuando bailaba con ella la luna y tú se lo permitías, los vigilabas desde tu puente y callado sonreías mientras todos dormían.

Naciste con ella, jugaste con ella, creciste con ella, hasta te casaste con ella fiel marinero, morirás con ella. Tus manos ya no pueden con ella, las desgastaste entre sus brazos, fuertes y rudas de tanto acariciarla y sentir su cuerpo. Las gaviotas te adoraban y te cantaban cada vez que calabas, visitaban tu estela al regresar a puerto cada mañana y las luces se apagaban. Mirabas el alba y sentías la calma de sus horas mientras le hablabas, mientras soñabas.

Desde mi ventana, te veía salir al anochecer, oía el rugir de los motores y veía como te hacías pequeñito, como te convertías en un puntito lejano, la de silencios que habré tragado viéndote como partías, mientras dormía pensaba en tí y te imaginaba alli, a lo lejos en la mar, luchando y peleando con las olas, esquivando vientos y esperanzas de regresar. Desde mi ventana, desde el calor de mi cama, te veía regresar, oía el rugir de los motores y veía el puntito acercarse cada vez más, tu barco mi barco, la de alegría que habré soltado viéndote como regresabas cada mañana.

Noto tu silencio, la amargura de tus años, la tristeza de tu cuerpo, sientes que te ha dejado pero no es verdad, ella te ama pero tú ya no la puedes amar, no como lo hiciste, no te la han quitado solo se ha dejado amar. Por tus hijos, por otra gente de la mar, por otras manos que la aman lo mismo que la amaste tú, y tú, marinero celoso, te acercas cada mañana a verla dejarse amar por otros brazos, por otros ojos, recuérdalo viejo marinero, tú les enseñaste a amar.

Remiendas sus rotos y pintas sus mamparras con afeites de sal, sueltas sus cabos y le dices adios cada tarde, te das la vuelta viéndole partir para no sufrir, él sonríe cuando te alejas, pero sabe que al regresar le estarás allí esperando, como cada mañana fiel marinero a estopa y sal, hielo, brea y escatas de mar. Te siento triste y callado, te dejas las horas en esa ventana y no lo puedes disimular, tu mirada está cansada no te deja ni llorar, tu alma está helada tu ausencia se llama mar.

                               “ ….eterno buscador que nunca encuentra,
                                en el horizonte azulado del cielo y mar
                                eternas despedidas, regresar quizás,
                                partes siempre mirando el horizonte
                                pero con la mente, en lo que dejas atrás.”

1 comentario:

Monnissima dijo...

Hummm!!!!....Cómo me huele a mar!!!!....

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